martes, 11 de enero de 2011

Alphonse

Hijo de un reputado cirujano y una famosa vedette, su martirio comenzó el día que el aire entró en sus pulmones por primera vez. Todo lo que el hombre esperaba de su bella esposa era un hijo, un vástago que heredase la belleza de su madre y del que poder sentirse orgulloso. Pero el tiempo pasaba y la mujer, por razones desconocidas, no quedaba embarazada. Llegó el momento en el que las constantes decepciones le pasaron factura al doctor y pagó su frustración con su desdichada esposa. Esto llevó a la mujer a perder la cordura tras soportar años de maltratos y humillaciones por parte de su marido, pero había conservado la suficiente lucidez como para pagar con creces a su esposo por ello. De una forma que el hombre jamás pudo superar.

El día del parto, tras varias horas de esfuerzo, dolor y sangre, la madre, exhausta, mostraba su hijo a su orgulloso esposo, el cual no cabía en sí de gozo. El sueño del doctor se había cumplido por fin ya que el niño era la criatura más hermosa que nunca había contemplado. La mujer, una vez comprobó que su marido estaba radiante de felicidad, con un rápido movimiento arrojó con saña al bebé al suelo, que golpeó de lleno con la cabeza en la dura piedra. Mientras observaba satisfecha como su marido contemplaba atónito a su hijo y una mueca de horror se apoderaba de su rostro, alargó una mano a la mesa donde se hizo con las tijeras que hacía un momento habían cortado el cordón umbilical del niño, y entre carcajadas, se cortó la garganta. Murió entre convulsiones a los pocos segundos.

Milagrosamente el niño sobrevivió, aunque pagó un alto precio por ello puesto que su cabeza y su rostro quedaron desfigurados, además de que su mente quedó gravemente trastornada. Su padre, incapaz de aceptar que su hijo fuera un monstruo, esperó a que Alphonse fuera lo suficientemente mayor para soportar un tratamiento quirúrgico que le devolvería su belleza angelical natural y de la que jamás hubo de ser privado. La espera se hacía larga y dentro del doctor crecía la impaciencia y lucidez se marchitaba. El alcohol fue su inseparable compañero de fatigas y su hijo hizo las veces el papel que tiempo antes había desempeñado su difunta esposa.

Cuando el hombre consideró que su hijo era lo bastante fuerte, dio comienzo el tratamiento. Numerosas intervenciones se sucedieron a lo largo de todo un año sin resultados satisfactorios visibles. Y tras cada fracaso la mente del doctor se quebraba un poco más, lo que le hizo aumentar la intensidad de sus borracheras y de las consecuencias que de ellas se derivaban.

Una fría tarde de otoño, el doctor se disponía a efectuar un nuevo intento y preparaba a su hijo en el quirófano. Comprobaba que todos los instrumentos estuvieran en orden cuando un susurro le llegó de labios de su hijo, que yacía tendido en la mesa de operaciones. El hombre se acercó un poco más para escuchar mejor al niño, que de nuevo murmuró algo ininteligible que hizo que el hombre se acercase todavía más. Fue entonces cuando sintió un cosquilleo que le recorría el cuello de lado a lado, y vio como un chorro de sangre procedente de su garganta bañaba al niño, que sostenía todavía un bisturí en la mano y tenía la mirada perdida.

Llegó aquí hace poco tiempo, pero por todos es conocido que heredó de su padre la obsesión por la belleza. Utiliza el bisturí con gran maestría y le encanta coleccionar rostros hermosos y perfectos. Le gusta mucho ponerse uno distinto cada noche a modo de máscara sobre su horrible cara, quizá buscando sentirse una vez más aquel niño angelical del que su padre estuvo tan orgulloso por un instante.

9 comentarios:

bruha_brujah dijo...

Una lastima que por culpa de unos malos padres,los hijos a veces tambien tomen sus errores como ejemplo,o venganza.El pobre solo esta pagando por algo que aprendio y sufrio

el hada de las palabras dijo...

Pobrecillo se ha convertido en el loco que era su padre. Espero que no venga por aquí con su bisturí XD

Desquiciados S.C. dijo...

Si Patry, lo triste es que eso ocurre muy a menudo en la vida real, debe formar parte de la naturaleza del ser humano.

Desquiciados S.C. dijo...

Por fortuna salir de este lugar es bastante difícil y solo en algunos casos algún niño ha conseguido huir al mundo de los vivos. Pero no está de más vigilar de cerca al pobre Alphonse...

XD dijo...

Es realmente hermoso, la imagen de ese niño llena mis pensamientos cuando nosé que dibujar, una historia simplemente presiosa, al igual que Kamilla, hermoso.

Desquiciados S.C. dijo...

Muchas gracias XD.

Alana dijo...

Alphonse..me transmite ternura ,el que no decidio nada y todo le vino dado...por adultos irracionales...

Lena dijo...

Alphonse me ha arrastrado a la oscuridad de su melancolía... pobrecillo niño malo, ha sido orillado a ser lo que es. Lo adoro!!!! ^^

XD dijo...

La verdad es fácil querer a Alphonse apesar de ser un monstruo...

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