jueves, 10 de febrero de 2011

Licia

Licia es una habitante muy inusual de este mundo, puesto que no debería estar aquí.

De algún modo, hace ya mucho tiempo, atraída por la desgracia… el dolor… el mal que emana de este lugar, encontró la manera de llegar aquí por voluntad propia, y a pesar de que nada la retiene en este lugar, ha sido incapaz de abandonar las yermas tierras que, en un momento dado, acabaron por convertirse en su terrible hogar.

Era una hermosa niña, amable, educada, extremadamente empática y dolorosamente sensible al sufrimiento ajeno. Eso fue su perdición y la causa de su condena.

Criada por unos padres amorosos en una buena familia, la llevaron al mejor colegio de su ciudad con el fin de que recibiera una educación acorde con su posición social. Pero las cosas no fueron tan bien como esperaban.

Desde el primer día en que la niña puso el pie fuera de casa, los llantos y la pena se hacían más presentes en la vida de Licia. Sus padres no entendían qué ocurría, no se podían hacer a la idea de que su hija simplemente sufría. Sufría por la pena de su profesora recientemente enviudada; sufría por su compañera de pupitre que se culpaba a sí misma de las visitas nocturnas de su padre en el dormitorio; sufría por el dolor del conserje que todas las tardes iba a visitar a su hijo al hospital donde estaba ingresado desde hacía meses por una enfermedad incurable. Nadie le contaba a Licia aquellas cosas, pero ella lo sabía. Averiguaba todos los tristes secretos de cada una de las personas con las que se cruzaba en su camino con solo mirarlos y, por este motivo, sufría con ellos. Contaba apenas ocho años cuando entendió que, para poder llevar su pesada carga, debía hacer algo para aligerar el padecimiento de los demás. Y en eso basó su corta vida, ante la incomprensión de unos padres que adoraban a su pequeña, pero ignoraban las razones que la movían a comportarse de una forma tan obsesiva por complacer al resto.

Los días no tenían suficientes horas para todo lo que deseaba hacer. Se paraba en cada esquina a hablar con las personas que llevaban una losa sobre la espalda, daba de comer a los que pasaban hambre, repartía mantas entre los que pasaban frío, escuchaba a los que necesitaban hablar y Licia lloraba con ellos. Así día y noche durante largos meses, hasta que sus fuerzas la fueron abandonando para dejarla irremediablemente extenuada.

Cuando me crucé con ella por primera vez, quise saber si se había perdido, puesto que este no es lugar para un alma tan bondadosa, pero Licia negó con la cabeza y me dijo que había percibido gran cantidad de sufrimiento en estas tierras y por eso había venido. De eso hace ya muchos años y creo que desde hace tiempo ha olvidado la razón por la que encaminó sus pasos aquí. Por ello, ahora vaga sin rumbo fijo portando con ella toda la pena que acumuló en su anterior vida. No es de extrañar que eso haya ocurrido, ya que el sufrimiento es la razón de ser de este sito y cualquier alma sensible perdería el sentido en poco tiempo.

6 comentarios:

El hada de las palabras dijo...

A mi me da mucha pena, la pobre :(

Anónimo dijo...

Wow, que pena. Una bonita historia sin duda y una reflexión sobre los seres empáticos muy interesante ;)

Merced ·· Solounalagrima dijo...

Si, pobre Licia. Una carga demasiado grande para alguien tan sensible /=

Desde luego que os vays superando cada día bastante más ^,,^
Espero muchas, enserio muchas, más así :3

Lúgubres Besos:

Merced ·· Solounalagrima~~

andii* dijo...

oh! me encanta!
pobre Licia...
realmente un destino cruel para una persona tan buena para el mundo... </3
me encanto esta historia :D
Nos leemos!

Arual dijo...

Me gusta mucho la historia de Licia que, aunque es trágica y lamentable, en ella puede verse un alma y un corazón puro bajo toda aquella tristeza. Espero que, por el bien de ella, su historia tenga un final feliz.

XD dijo...

Genial! Jamás pensé que alguien vendria aquí voluntariamente, pero al conocer la historia de Licia yo ¿Me identifico?
Atte. XD

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