lunes, 7 de febrero de 2011

Mada y Disa

Mada y Disa. Hermanas siamesas unidas por donde deberían tener sus manos fueron abandonadas por sus nobles padres, incapaces de mostrar al mundo algo tan impropio de su categoría y posición, y recogidas por una humilde familia de campesinos que las criaron, como si de sus propias hijas se tratase, en una pequeña aldea. Debido a su extraña condición se fueron distanciando de los demás por voluntad propia, aunque en sus cabecitas ellas veían las cosas de diferente manera. Incapaces de afrontar su propia naturaleza se sugestionaron de tal modo que llegaron a convencerse de que la gente de la aldea las repudiaba por ser diferentes, cosa que no era cierta.

Esa triste realidad que habían creado en sus propias cabezas les fue afectando de diferente manera: Mada acumuló indignación y resentimiento contra el mundo mientras que Disa, incapaz de soportar el supuesto rechazo, se sumía día tras día en una tristeza más y más profunda, a lo que contribuía también en gran manera la continua influencia de la rabia de su hermana.

Esos sentimientos arraigaron con tanta fuerza en las niñas que pronto se vieron incapaces de contenerlos dentro de sus cuerpos, hasta el punto de que su sola presencia influía de tal manera en la gente que había a su alrededor que incluso la persona más alegre podía caer en una terrible depresión si permanecía el tiempo suficiente a su lado. La situación llegó hasta tal punto que su familia, que extrañamente no se veía afectada por el influjo de las niñas, tuvo que abandonar el pueblo, y refugiarse en una vieja cabaña destartalada en lo más profundo del bosque, ante la presión de sus vecinos. Allí pasaron meses, malviviendo, apoyándose unos a otros, mientras día tras día las niñas acumulaban más dolor, rabia y odio hacia el resto del mundo. Hasta que su cordura llegó al límite.

* * * * *


En su antigua aldea se celebraba la fiesta de la cosecha, que marcaba el final de la temporada de recogida. En ese marcado día, anualmente, todos se reunían en el gran salón de la aldea, y allí comían y bebían para celebrar el fin del periodo de trabajo más duro del año.

El gran salón, que no era más que un enorme y viejo barracón utilizado entre otras cosas como lugar de asamblea, albergaba en ese momento a los casi cincuenta aldeanos que habitaban el poblado. La música sonaba desde el atardecer sin descanso y todos bailaban y brincaban, comían y bebían felices… Era un día para celebrar, ya que ese año, gracias al duro trabajo realizado, la cosecha había sido la mejor en mucho tiempo y eso les iba a permitir sobrellevar el frío invierno de la mejor manera posible. Desde que las mellizas se marcharon, el ambiente de la aldea había ido progresivamente a mejor. Quizá para resarcirse de la carga que al final habían supuesto las hermanas con su estado de ánimo, sus habitantes se habían transformado en personas optimistas y alegres, a los que era muy difícil que algo les contrariase, ya que siempre enfrentaban los contratiempos con la mejor de las sonrisas. En sus corazones no albergaban malos sentimientos contra ellas, ni mucho menos, pero tenían muy claro que el hecho de que hubieran abandonado la aldea había sido lo mejor para todos.

La noche se había asentado ya y la fiesta no decaía. Sin embargo, en un momento dado y a pesar de toda la alegría que flotaba en el ambiente, comenzaron a sentir cómo algo agarraba fuertemente sus corazones, los oprimía y hacía despertar en ellos un sentimiento que nada tenía que ver con la dicha que sentían hacía un momento. Lúgubres pensamientos atravesaban sus cabezas. Unos comenzaron a mirar a sus vecinos con recelo, otros bajaban la mirada y rehuían esas extrañas miradas entre sollozos. Las cabezas se embotaban, la ira crecía, la tristeza se acomodaba y, de repente, todo estalló. Viejas y casi olvidadas rencillas pedían ser resueltas sin demora y las discusiones y peleas comenzaron. Gritos, golpes, lamentos… se llevaban a todos por delante. Hombres, mujeres, niños, ancianos… todos envueltos en esa espiral de violencia y tristeza sin excepciones. Unos perdieron la vida luchando; otros, de pura aflicción, se dejaron golpear hasta morir. Era un espectáculo dantesco. Cuerpos inertes bañados en su propia sangre, súplicas acalladas violentamente…

Poco a poco el tumulto se fue apagando hasta que todos y cada uno de los presentes yacían en el suelo sin vida. Un pesado silencio se adueñó del recinto. Silencio roto por dos figuras que salieron de las sombras de una esquina del edificio, donde habían permanecido todo el tiempo, observando y esperando. Estaban extenuadas ya que habían puesto todo su empeño en compartir la carga que llevaban dentro con todos sus antiguos vecinos, pero a pesar del agotamiento, por vez primera en sus vidas, una enorme sonrisa lucía en las caras de Mada y Disa.

Dejaron el salón dispuestas a regresar a su triste cabaña, pero apenas salieron, vieron que en la calle, a unos pocos metros, sus queridos padres yacían inmóviles en el suelo. La pareja, preocupada, había acudido a buscar a sus hijas temiendo que algo malo les fuera a pasar, pero al igual que los aldeanos, esta vez no pudieron soportar tanto odio, tanto dolor, y ambos cayeron fulminados. Mada y Disa jamás lo superaron, ya no tenían a nadie más a quien culpar de la muerte de sus padres sino a sí mismas. Pero eso era algo que no entraba en sus cabecitas.


5 comentarios:

Merced ·· Solounalagrima dijo...

Cada día me ponéis más difícil elegir una Historia como preferida. Por que cada día las Historias son mejores y me gustan aún más *o*

En serio, felicidades. El trabajo que hacéis aquí es digno de alabanza. Espero muchas más Historias que me encanten tanto como todas hasta ahora ^,,^

Lúgubres Besos~~

Saru dijo...

Madre mía, menudo historia!! De todas creo que ésta se va a convertir en mi preferida!

andii* dijo...

spooky...
pero increible!
me caen bien estas hermanas :D
ne encanta!

Desquiciados S.C. dijo...

Muchas gracias por vuestras palabras. Esperemos no bajar el nivel y que los niños quieran seguir colaborando a cambio de unas pocas almas inocentes, como hacen hasta ahora...

XD dijo...

Genial! Blood, blood, blood! eso hace buenas las historias, una clase de dircriminación llevada a un punto extremo y genial!
Atentamente. XD

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