miércoles, 16 de febrero de 2011

Sergei

Sergei es uno de esos niños que no tuvo la oportunidad de elegir qué camino tomar en la vida, sino que este le fue marcado incluso antes de respirar su primera gota de aire.

Su llegada al mundo resultó difícil. El niño venía de nalgas y hubo muchas dificultades en hacer que el niño dejara el cómodo vientre de su madre. Tras varias horas de parto, por fin, el llanto del niño resonó en la habitación a la vez que su madre, exhausta por el tremendo esfuerzo, se dejó caer en la cama. Mientras tanto, la comadrona intentaba asear al niño, pero este comenzó a agitar sus pequeños bracitos con una fuerza impropia de un recién nacido. La mujer era incapaz de dominarlo y solo la intervención del padre de Sergei, que rápidamente cogió al niño en sus brazos, pudo calmarlo. Mientras eso sucedía, la madre de Sergei había cerrado los ojos para no volver a abrirlos nunca más.

Por lo tanto, sobre el hombre recayó la dura tarea de criar solo al pequeño Sergei. Tarea que, a pesar del amor que sentía por el niño, fue harto complicada ya que, por alguna extraña razón que no lograba comprender, el pequeño tan solo se mantenía sosegado mientras pudiera sentir la presencia de su padre cerca, lo que constituía un tremendo problema, ya que en todo momento debía permanecer a la vista del niño.

Sergei fue creciendo a la vez que lo hacía la preocupación de su padre. El hombre trataba de que su querido hijo se integrara en el pueblo como un niño normal. Pero, muy a su pesar, Sergei no era nada normal. Se trató de hacer que pasase parte de su tiempo con otros niños, y el llevarle a la escuela pareció una gran idea, pero ni qué decir tiene que fue un completo desastre. A pesar de que su padre le había explicado a conciencia la razón por la que debía acudir al colegio y de que estaba totalmente convencido de que el niño lo había entendido, el hecho de ver cómo su padre se marchaba y lo dejaba allí, rodeado de extraños, hizo que al poco rato perdiera totalmente el control. Arrasó con todo lo que se le puso por delante mientras los demás niños e incluso su maestra, completamente aterrorizados, se pisoteaban unos a otros para quitarse de su camino. Fueron momentos interminables para todos, hasta que, alertado por la gente del pueblo que había oído todo el alboroto, el padre de Sergei consiguió llegar hasta él y tras abrazarlo fuertemente hizo que recuperase la calma. Pero no antes de que uno de los niños perdiera varios dedos de una de sus manos mordido por Sergei, y muchos otros sufrieran rasguños de mayor o menor gravedad.

Ese incidente provocó el internamiento de Sergei en un hospital psiquiátrico. Allí, claro está, debía permanecer solo, por lo que fue necesario encerrarlo en una habitación totalmente acolchada y embutido permanentemente en una camisa de fuerza. Debido a su extrema agresividad fue tratado con potentes fármacos y novedosos tratamientos de choque, los cuales, a pesar de todo, no eran para nada efectivos. Recibía la visita de su padre cada día, y dado que la presencia de su progenitor resultaba balsámica para él, le permitían compartir unos minutos a solas en la habitación del niño. Pasaron los meses… y todo seguía igual.

Una noche de tormenta, Sergei estaba más nervioso de lo habitual, y daba vueltas por la habitación como una fiera enjaulada mientras llamaba a su padre a gritos y las lágrimas resbalaban por su cara. Truenos y relámpagos parecían acompañarlo en su locura, y el cielo retumbaba con más fuerza cada vez que el niño arremetía contra la puerta de la celda. Debía salir de allí y puso todo su empeño en hacerlo. Debido al cariz tan grave que estaba tomando la situación, los cuidadores, tras pensárselo mucho, se armaron de valor y decidieron que sedarlo sería lo mejor para él. Varios de ellos entraron a trompicones y con bastante miedo a pesar de estar curtidos en situaciones semejantes, e intentaron acorralar a Sergei en una esquina para proceder a sedarlo. Pero, embargado por el terrible frenesí de la locura, Sergei se abalanzó hacia ellos y la sangre salpicó todo cuando, con un rápido movimiento que pilló por sorpresa a todos, arrancó de un bocado medio rostro del primer valiente que intentó reducirle. Ante eso, los demás retrocedieron horrorizados y salieron uno tras otro por la puerta, que atrancaron a sus espaldas. Dentro de la celda, Sergei daba buena cuenta del pobre desgraciado que, inmovilizado por el niño que permanecía sentado a horcajadas sobre su cuerpo, emitía alaridos desgarradores con cada bocado recibido.

Esa noche, la celda de Sergei fue sellada con él dentro y jamás volvió a ser abierta. La misma noche que su padre había fallecido plácidamente mientras dormía.

¿Maldad o locura? ¿Quién sabe? Y la verdad… ¿a quién le importa?

5 comentarios:

Saru dijo...

Escalofriante.
A cada nueva publicación, os lo curráis más.
Un saludo!

Arual dijo...

Pobre Serguei, es que nadie le comprende. Al nacer, lo primero que vió fue a una vieja bruja que le estaba restregando el pequeño cuerpecillo, a los niños del colegio... bueno, es que seguro que no querían dejarle los juguetes; lo de su mamá... sólo quería darle un cariñoso besito, pero se pasó un poco con el entusiasmo; y en cuanto a su padre... ¡Vete a saber si no era el único que le compraba Kinder Sorpresa, como los de la tele! ¡ES QUE ES UN INCOMPRENDIDO EL POBRE CHIQUILLO! Bsss.

Persephoneia dijo...

¡Os Afilio!

Me encantó esta macabra historia, como todas.

Y gracias por apoyarme con mi blog ^ ^

Persephoneia.

andii* dijo...

okey, esto es macabro, completamente escalofriante... :S
y me encanta!
este niño malevolo es el dueño de varia pesadillas... asesinar a su propia madre..??
spooky...
los leo!

XD dijo...

It's Gorgeus! XD, amo los locos sádicos acesinos! Logro comprender levemente el comportamiento de Sergei , Pero prefiero alejarme!
Atentamente. XD

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